Tú, blanco cabrón!
Efectivamente, mientras que como ciudadanos en este bonito siglo tenemos la impresión de estar continuamente expuestos a mensajes negativos, emitidos casi en exclusividad por el lenguaje político, no es fácil encontrarlos en la publicidad.
En un taxi (reductos también de negatividad) oigo la siguiente cuña. Dos emamorados charlan por teléfono, se despiden. Dice ella "cuelga tú", dice el "no, no, cuelga tú". Ella sugiere contar hasta tres y colgar. Un narrador pone el contrapunto: "En estos dos minutos han muerto x personas por x enfermedad. Colabora con x ONG para salvarlos "
Es un recurso habitual de la publicidad de ONG's apelar a nuestros sentimientos de culpa como habitantes del primer mundo. Es una sofisticada vuelta de tuerca al " cómete tus lentejas, en Africa se mueren de hambre".
Pero esta versión es particularmente irritante. Retratarnos, tan sin piedad y sin humor en nuestras ridículas afectaciones, en nuestras cursilerias es demasiado reduccionista. Ser complejo y contradictorio es supermoderno: podemos dejar las lentejas en el plato y apadrinar a cinco niños, gastarnos 200 euros en una bufanda de verano que vaya con la funda de nuestro Ipod y llorar con el spot de la úlcera de Buruli.
Nada de eso va a salvar a África, que ya damos por perdida; saqueada y abandonada a su suerte. Su exotismo ha perdido lustre. Su violencia, su corrupción, sus plagas, ya son las nuestras a otra escala.
La tendencia en alza es el escapismo.