El madrileño es un ser absolutamente refractario al arte. Tú dale una manifestación popular, eso sí. Una sangre de San Pantaleón, un reparto de roscón, una verbena con gallinejas, un orgullo gay...eso sí.

El ayuntamiento, desde siempre, ha consentido a este ramalazo panis et circensis y cuando acomete algo levemente cultural lo tiñe de castizo populachismo. Esas estatuas de barrenderos, ese paseo de las letras, esa iluminación con motivo de la boda...

Porque cuando el madrileño, huele el sospechosamente embriagante perfume de la cultura no es que saque el revolver, es que se amotina. Aún recuerdo las manifestaciones contra las farolas de la puerta del Sol que la gente consideraba "fálicas" .

Ahora que Eva Lootz nos regala esas evocadoras sucesiones de palabras iluminadas en el paseo de Recoletos, a la gente no le gustan. No les parecen navideñas, dicen. Distraen a los conductores, dicen. Y el periódico de turno alentando la insurrección organiza un foro (también el blogismo nefando se ha hecho eco)

El madrileño lo que quiere en navidad es un "felices fiestas pelayo mutua de seguros", fotografiado ayer, y que parece sacado de "El cochecito" de Ferreri.