Ante el negocio de la alimentación somos cobayas. Con qué impunidad se nos venden productos pretendidamente sanos que nos van matando como a Roberta Flack la cancioncilla. Además de ser una forma encubierta de eugenesia que satisfaría a Fernando Vallejo: quién no puede permitirse alimentos orgánicos o menos procesados, paga con su salud (ej. colza).

Como si sus cualidades intrínsecas no fuesen suficientes, el yogur parece querer aunar en si todo lo benéfico asimilando otros productos del reino de lo saludable. Primero se apropió de las frutas, recientemente de la soja y ahora de las hierbas.

En cuestión de yogures Bio...¿dónde está el límite?

¿Se detendrán en el trífidus pasivo o probaremos el yogur con sabor a José Coronado?. O mejor, una mouse que imite la textura de su pelo.

Como decía la faraona: Dios no lo premita.