Parece hoy inevitable que todo lo que era simpático, fresco, bienintencionado y, por qué no decirlo, algo exclusivo, termine siendo un producto

En su camino hacia la masificación, los productos pueden perder su encanto, sus virtudes e incluso el respeto hacia las personas que lo componian.

Por eso, uno que siempre ha sido más de Harry's Bar que de Costa Polvoranca, se siente ahora un poco incómodo. Y apurando su dry, echa una última mirada entornando un poco los ojos como Robert Mitchum. Pero dueño de un Ipod que ejemplifica las palabras de Gide "los extremos me tocan" no puede dejar de salir tarareando a Lina Morgan.